ANÁLISIS DE LA POLÍTICA ACTUAL

Sólo la crítica y la profundidad en el análisis de nuestro mundo nos devolverá el sentido último de la realidad y de nuestra existencia

sábado, 17 de octubre de 2009

LA HUIDA

A veces uno tiene tendencia a la evasión. Muchos hombres la han experimentado en sus propias carnes cuando la mujer les ha descubierto el adulterio. Esto es una huida normal, que diría el castizo. Umbral, el añorado y querido escritor, me confesó una vez que la peor escapada es la que se hace hacía uno mismo. Esta es una huida hacia el abismo.
Pero hay otros que huyen, por ejemplo, hacia América. Es una huida habitual en el segundo mandato de nuestros presidentes, hacer las Américas. Unos van con bigote y otros afeitados, pero todos huyen. Nuestro presidente ha huido de las colas en los comedores de Cáritas y en las oficinas del INEM y se ha fugado para saludar a un señor que es el dueño del mundo. Dicen que es de color pero yo creo, con perdón, que es negro. ¡Qué manía esto de las palabras y su artificio semántico! Después nuestro presidente Zapatero ha huido al Este, el Este es un lugar donde siempre se están peleando y llamando cosas feas como judío o palestino, las cosas que en mi infancia nos decíamos los niños de la Fen. Allí, al parecer, nuestro presi ha huido para hablar de la paz, un tema muy importante, que siempre instiga a la humanidad y del que nunca se sale. Decía el gran Jardiel Poncela que de la guerra se sale muerto pero de la paz nunca se sale vivo. Jardiel se refería a la manía de hablar de ella.
El otro huido estos días es Rajoy. Rajoy huye de casi todo el mundo. Es un hombre acosado. Ahora lo persigue El Bigotes, pero no se deja querer. Por eso anda huido, porque no quiere comprar nada ni que le compren nada, y entonces va y mira para otro lado, que es lo que hacen todos los huidos cuando los persigue alguien con bigote o, por ejemplo, Hacienda. Aunque digan que Hacienda somos todos. Seguro que unos más que otros, que se lo pregunten a Correa.
De todas formas, como diría Bogart, siempre nos quedará doña María Teresa... o, don Baltasar. Vivamos en paz.

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